introduccion

INDICIOS PARA ENTRAR A UNA LITERATURA SECRETA(*)

Por Raúl Serrano Sánchez

 

Confluencias y opuestos

"Supongo que las agencias turísticas del mundo exhiben a Ecuador como punto infaltable para la aventura exótica (especialmente sus legendarias Islas Galápagos): los aeropuertos locales transpiran todos los idiomas. Sin embargo, creo que dos confluencias esenciales del país permanecen en secreto: su versátil belleza y su literatura."

Palabras del novelista y crítico venezolano José Balza fechadas en marzo de 1994 y recogidas en la revista Imagen Latinoamericana. Sin duda esas expresiones son el diagnóstico más aproximado de lo que ha sucedido hasta comienzos de este nuevo milenio con la literatura ecuatoriana, cuyo estatuto de "secreta o "marginal" no lo ha perdido (sin que eso sea un estigma) lo que nos ha convertido en otra de esas "islas" que han tenido que esperar (?cuánto más?) para ser "descubiertas"; sin duda no se trata de descubrir sino de revelar ante nuevos lectores y lectoras lo que a lo largo de un siglo (porque es en los años veinte del siglo XX con los poetas de la vanguardia primero, y luego en los treinta con los narradores, que Ecuador forja una literatura en la que por primera vez podía reconocerse de cuerpo entero) se ha sumado o estructurado como un corpus en el que incluso el tener el estatuto de "secreta" y "marginal" ha dejado, y dejará de ser una camisa de fuerza o condena que nos evite la aburrida y poco cómoda cantinela de que "no nos conocen afuera", esto es como si pagar ese impuesto nos permitiera -por primera vez- reconocernos en el espejo en el que ahora podemos ratificar que somos una heterogeneidad con una palabra que sin duda busca su espacio, sus receptores a riesgo de encarar y asumir todos los albures que ello implica.

La presente aproximación se concentra en las motivaciones y contextos en que se produce un discurso como el que proponen las escritoras y escritores de este fragmento del mundo al salir al encuentro (?o reencuentro?) con el otro, porque como bien sostiene Carlos Fuentes: "Todo, las comunicaciones, la economía, la idea que nos hacemos del tiempo y del espacio, las revoluciones en la ciencia y la tecnología, nos indica que la variedad y no la monotonía, la diversidad más que la unidad, definirán la cultura del siglo venidero".

Creemos estar inmersos, ser parte de esa "variedad"; creemos que nuestra literatura ha superado la "monotonía" de una tradición que a partir de la ruptura la ha nutrido con nuevas, diversas y opuestas formas de decir y decirse; creemos y queremos involucrarnos con los desafíos del siglo XXI en el que ciertas convencionalidades respecto a la lectura y la escritura demandarán, están demandando, actitudes y aptitudes que nos permitirán ubicarnos en las definiciones a las que hoy no podemos llegar con retraso.

Está claro que la existencia y destino de las literaturas del mundo -la nuestra no puede ser la excepción- a partir de la vigencia del Internet han visto cambiar su antigua forma de construirse y expandirse, sin que eso quiera decir que se pierdan aquellos -los permanentes y centrales- valores que Italo Calvino supo defender anticipando el futuro. Hoy, el ciberespacio es la prolongación de la hoja en blanco, las nuevas aguas en las que se apunta y apuntala la soledad, la imaginación fundadora de todos los mundos posibles e imposibles de creadores que navegan contraviento y marea en un contexto en el que, de pronto, el haber preservado la condición de "secretos" o "marginales", en medio de la vorágine de una época que ha desnaturalizado la esencia de la literatura, podría ser un mérito y no una desgracia o fatalidad.

 

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