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Gonzalo Márquez Cristo

Bogotá (Colombia), 1963

Para la Panorámica de Literatura Ecuatoriana es motivo de sumo orgullo presentar a uno de los poetas más representativos de la Colombia contemporánea: GONZALO MÁRQUEZ CRISTO (Bogotá, 1963). Autor de los libros: Apocalipsis de la rosa, Ritual de títeres (novela), La casa leída, El tempestario y otros relatos, Geometría iluminada, La palabra liberada.
Precisamente, de este libro hemos hemos seleccionado los poemas que ponemos a vuestra consideración.
Cabe mencionar que GONZALO MÁRQUEZ CRISTO, realizó una lúcida y envidiable entrevista al desaparecido filósofo rumano E.M. Cioran.

De La palabra liberada

LAS PALABRAS PERDIDAS

Alguien descifra la escritura de la lluvia y sin embargo no puede escapar.

Un alud de imágenes nos extravía la palabra; acudimos al grito y al llanto, a veces a la
indiferencia, pero sabemos que nece-sitamos de la guerra para ser inocentes.

Todo lo ha ofrendado la ceniza.

Desde que desterramos a la noche desaparecieron las más profundas alianzas y
nuestros perseguidores pueden encontrarnos.

Una herida siempre recuerda la vida, todo nacimiento procede de su túnel. Un árbol
arde en nuestros ojos de agua.

La verdad –es decir lo prohibido–, impone su reino de terror... y hemos decidido
habitarlo con las manos entrelazadas.

Creímos que la poesía nos enseñaría a morir...

Persistimos... Con frecuencia hacemos la extraña sonrisa del miedo. Si huimos, la
soledad convertirá a alguien en víctima. Por eso la palabra se pasa de mano en mano para
construir una morada invisible.

A veces para sobrevivir renunciamos al conocimiento.

Y cuando todos duermen escribimos... Pero un poema es el fósil de un sueño, el
cadáver de un dios...

¿Aún podremos salvarnos?

EN NOMBRE DEL GRITO

Crees tanto en la sed: en la vida... En lo invisible. Duermes de cara al oriente. Te
purificas en el peligro. En los libros delatas al tiempo como a un pájaro disecado.

En el bosque una encina te sigue. La luz te nombra. Cuando eliges el rumbo del dolor
alguien te da un sorbo de agua.

Deseas: esperas siempre equivocarte. Asumes la tiranía del ojo llamada viaje y a
veces con un rostro logras curar tu frío.

Sabes de un paraíso que nunca será memoria.

Asistes a la mascarada de la sobrevivencia aunque un ecuador lejano y voraz atraiga
tu vuelo. Así logras persistir.

Tus palabras caen como puñados de tierra sobre un cuerpo desnudo.

Aquí comienza el instante. ¿Quién clama? ¿Quién responde entre la sangre? ¿Quién
descubre su sombra incandescente?


¡Que el grito siempre pueda detener la herida..!
¡Que el lenguaje alcance para no morir!

OFICIO DE OLVIDO

Una mujer se besa en el espejo, se oculta con su alma, el agua es su soledad.

Un niño escondido en un armario intenta morir.

Las lágrimas de un hombre caen en su taza de café.

Una adolescente con el índice detiene la manecilla del reloj y se estremece.

En el viento hay un mensaje que no comprenderemos.

Tu sombra se rebela.

Nos preparamos para huir de todo lo que amamos.

Quien no parta será olvidado.

El viento dialoga con el fuego.

Espero mi voz.

Viajar también es lo contrario a la muerte.

Mientras la semilla engañe al pájaro no estaremos perdidos.

Nos amaremos en otros rostros.

Nadie se oculta en la memoria.
¿Vendrá alguien a enterrar nuestros nombres?

¿QUIÉN DIJO QUE MORIR
ERA VIAJAR?


Las palabras se inventan para ocultar algo, a veces para no extraviarnos y en el peor
de los casos para salvarse... porque soñar en esta Edad del Fuego, emprender el exilio o
sobrevivir, equivale a una traición.

El poema nos delata. La verdad dejó marcas en los rostros. ¿Quién dijo que morir era
viajar? ¿Dónde están los que han perfeccionado su dolor? ¿Hasta cuándo debemos pagar
por todo lo que le hicimos a la noche?

Estamos seguros del regreso de los inquisidores. Extendimos tanto la devastación
que quienes vendrán tendrán que crear otro dios invisible para poder permanecer.

La imaginación no ha podido conducirnos. Siempre hemos combatido del lado de
nuestros enemigos (en la indiferencia o participando de su vana contienda). No es de la
derrota... De la victoria nadie se salva.

De la poesía al deseo, pasando por alucinógenos despojados de sus ritos, por
extraños fetiches e incluso por crueles utopías, nos entregamos con ardor a las más
diversas formas de autodestrucción.

El conocimiento nada hizo por la vida. Tampoco la religión ni la prostituta que
vende presagios.

La verdad sólo está en la puerta que se abre. En un matiz, en una brizna de hierba, en
un sorbo de agua. En un grito.

Ser es buscar.

La escritura o la desesperación nos encontró un color desconocido. Supimos que el
tiempo anida en los espejos y que sembrar es preguntarle a la tierra.

Pero hasta que no remplacemos la semilla nada habremos aprendido.

La espadita del reloj tiñe de rojo nuestro pecho. El verbo morir sólo debe conjugarse
en primera persona. El tiempo crece.

Siento que alguien ha raptado mis sueños...

 

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